EL CAMINO DE SANTIAGO EN LA RIOJA

peregrinosCuando el peregrino de sus primeros pasos por La Rioja, encontrará un lugar especial, como su sello indica, de atención al peregrino.  Higos, agua y amor, Mari, atiende a cuantos pasando por su puerta peregrinan hacia Compostela, igual que hizo su madre Felisa hasta su fallecimiento, que cuando no había albergues ni los peregrinos  encontraban tanta atención, siempre estuvo pendiente de ayudar a los que por allí pasaban.

Cuando el peregrino a Compostela cruce el Ebro entrará en el casco antiguo de Logroño, capital de la Comunidad  Autónoma de La  Rioja.  Todavía más de   600  km. le separan de la tumba del Apóstol en Galicia.  El tramo riojano del camino de Santiago es corto en los mapas pero contiene gran parte de los símbolos que explican el significado espiritual, cultural, ambiental o  cualquier otro motivo que hace del Camino de Santiago, el Primer Itinerario Cultural Europeo, y ser declarado Patrimonio de la Humanidad.

En La Rioja está documentado el paso del más antiguo peregrino jacobeo de nombre conocido, y ya en ruinas el Monasterio de San Prudencio, donde se escribe el Codex Calixtinus, primera guía  del Camino.  Aquí está el escenario de la mítica batalla de Clavijo que sirvió para justificar el Voto a Santiago.  No existe otro lugar posible, que no sea Navarrete donde contemplar la planta y la portalada de un hospital de peregrinos tal y como eran en el siglo XII.  En Nájera se puede descansar en la ciudad que fue la Sede del Reino de Pamplona-Nájera, y sus  Monarcas los que con más decisión impulsaron  las peregrinaciones compostelanas.  Y que vamos a decir de Santo Domingo de la  Calzada, ciudad surgida alrededor de la tumba del santo más famoso de todo el Camino Francés y uno de  los hombres  claves de la  Europa del siglo XI.  No se conoce otro precedente más antiguo de la asistencia social que el de la  Cofradía del Santo, jurada en el siglo XII con el objeto claro de ayudar a los peregrinos.  Este ese lugar del portentoso milagro del Peregrino ahorcado, el milagro más conocido en la Edad Media.

Pero sobre todo se descubrirá la hospitalidad de unas gentes acostumbradas desde siempre al paso de los peregrinos.

Cuando camine descendiendo a encontrarse con el Rio Ebro, el rio más caudaloso que cruza el Camino, veremos al frente y a lo lejos el majestuoso  Monte Laturce y a sus pies el Castillo de Clavijo, donde dice la leyenda  que apareció el Apóstol en blanco corcel.  Aún se mantienen en los pueblos cercanos romerías y festejos que señalan estos hechos.

Para acceder a la primera ciudad que el peregrino encontrará en tierras de La Rioja, es preciso cruzar el Puente de Piedra.  En su configuración actual es una construcción del año 1884, levantado sobre las viejas cepas de otro más antiguo que la tradición supone obra de San Juan de Ortega discípulo de Santo Domingo de la  Calzada, los dos santos arquitectos del Camino, y por los siglos XI y XII.

Una vez cruzado el Ebro, el peregrino deberá tomar la primera calle a la derecha, denominada Rua Vieja, la calle más antigua en el momenclátor callejero logroñés.   El Caserón barroco que hace el número 32 es el albergue para peregrinos.

Estamos al lado de la iglesia de Santa Maria de Palacio.  Su esbelta torre piramidal de planta octogonal es conocida popularmente como “La  Aguja”

La  Rúa Vieja nos llevará hasta la plaza junto a la Iglesia de Santiago, llena de contenidos jacobeos, una denominada Fuente de los Peregrinos, un gigantesco mosaico posiblemente el juego de la oca más grande del mundo, al que muchos otorgan simbolismos jacobeos, y la enorme imagen barroca de Santiago que preside la fachada del templo, en la que aparece representando como un impetuoso “Santiago Matamoros”.  En el interior de la iglesia, en el retablo principal aparece otra escultura del Apóstol representado como peregrino.

La Rúa Vieja dará paso a otra calle, la de Barriocepo y por ella llegaremos a los límites de la ciudad antigua, a la  Puerta del Camino, junto al Antiguo Convento de la Merced, actual sede del Parlamento de La Rioja.  Por esta puerta orientada hacia Compostela  abandonaban Logroño los peregrinos. En la actualidad por esa misma puerta dejarán atrás el Casco Antiguo de la ciudad, con dos iglesias más dignas de mencionar, San Bartolomé, iniciada en el XII, de estilo románico, acabándose en el XIV. Destaca su portada gótica y la austeridad  de su interior. Del XVI, es la Concatedral Santa María de la Redonda, con dos torres gemelas presidiendo la ciudad y un magnifico retablo barroco. Estas iglesias ubicadas en la parte antigua de la ciudad, se encuentran rodeadas de pequeñas calles denominadas tan significadamente como, boterías, herrerías, yerros, mayor, carnicerías, caballerías o mercaderes, que dan idea de un pasado esplendor.

Tras abandonar Logroño, un camino con  árboles nos conducirá hasta la muralla del pantano de La Grajera.  En el parque, el peregrino encontrará   una zona de descanso, y  un entorno excelente para descansar y disfrutar del camino.  Situados en la muralla que cierra el pantano, será preciso seguir la senda señalizada como camino de peregrinos hasta coronar una pequeña subida y divisar al fondo Navarrete.

El camino discurre entre viñedos y cerca de Navarrete llegaremos a las ruinas de un hospital de peregrinos de finales del siglo XII.  Se trata de los restos del Hospital de San Juan de Acre.  Sus ventanas y la portada se conservan porque fueron desmontadas piedra a piedra, a finales del siglo anterior, para ser reutilizadas como puerta del cementerio de la localidad.

Setecientos metros nos separan de Navarrete, una población que conserva en sus construcciones  la estructura de una ciudad amurallada.  La primera calle que encuentran los peregrinos es la de la Cruz.  En ella el peregrino podrá contemplar bajo unos soportales un bello capitel románico que representa la lucha entre dos caballeros, un tema iconográfico muy repetido por los caminos a Compostela.  La iglesia parroquial, bajo la advocación de la Asunción de la Virgen es de mediados de siglo XVI.  Su retablo mayor es uno de los mejores barrocos de La Rioja. La actividad industrial y artesanal más característica es la alfarería y al peregrino le resulta fácil encontrar a los alfareros de la familia Naharro trabajando sobre el torno, en su local a la salida de la localidad.

Al abandonar Navarrete, encontraremos el cementerio municipal con su portada y dos ventanas de transición del románico al gótico, procedentes del hospital de San Juan de Acre.  La mayoría de los  capiteles ilustran escenas y personajes de la vida cotidiana de los peregrinos medievales.

Tras recorrer unos kilómetros, por caminos entre viñedos, que hacen un espectáculo de luz y  color, sea cual sea la época del año en que lo recorramos, llegaremos a la pequeña localidad de Ventosa.  Domina desde lo alto de la localidad la iglesia de San Saturnino, su entorno es lugar de celebración  de la Danza de la venerada Virgen Blanca, y en verano el Mercado del Trato. Algunos  restos jacobeos, y un magnifico albergue que situado en el número 33 de  la calle Mayor continua la atención a peregrinos, de otro existente siglos atrás.

Saliendo hacia Nájera, ascenderemos el Alto de San Antón, un perfecto balcón donde podemos apreciar el último tramo del Camino recorrido y la próxima ciudad que nos espera. En el Alto rodeado de encinas y viñedos se ha realizado un campo de trabajo y se puede ver algo de lo que fue un monasterio antoniano dedicado a ayudar a los peregrinos enfermos de gorgojo principalmente.

Más adelante un cerro sobresale aislado sobre los demás es  el mítico “Poyo Roldan”, escenario de otra variante de esas leyendas evocadoras de luchas entre caballeros medievales, tan extendidos por aquellos lugares del Camino de Santiago donde mayor influencia tuvo la orden de Cluny.  Se trata del relato que narra el combate entre el gigante Ferragut y Roldán, caballero al servicio de Carlomagno.

Para llegar al casco antiguo de Nájera debemos descender por la calle San Fernando hasta encontrar el río Najerilla y cruzar el puente del que también se dice que es obra de San Juan de Ortega, para entrar en la calle Mayor de la Ciudad.

Vista obligada será el Monasterio de Santa Maria la Real, donde están enterrados reyes y nobles del Reino de Pamplona-Najera.  Existe una leyenda que cuenta el origen de este santuario.  El rey Don García estaba preocupado porque los árabes habían vuelto a entrar en Calahorra.  Salió de caza con su halcón y se introdujo en una cueva persiguiendo a una perdiz.  En el interior encontró una imagen de la Virgen con el Niño, una lámpara encendida, una jarra de azucenas, una campaña y las dos aves posadas pacíficamente.  Don García interpretó el hallazgo como un presagio de victoria y cuando reconquistó Calahorra mandó levantar un monasterio en honor a Santa Maria sobre aquella cueva, monasterio que fue consagrado el año 1056, y que es el actual Monasterio de Santa María La Real.

A tan solo unos pocos kilómetros de aquí y en un paraje de singular belleza a la izquierda del rio Cárdenas se alza San Millán de la Cogolla, que declarado Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco en 1997, tiene la condición de ser cuna del castellano. La historia arranca en el siglo VI, cuando Millán, ascética retirándose a una cueva. En 1053, se funda el monasterio de Yuso, bajo el patrocinio del rey García IV de Navarra. El Monasterio de Suso, o de arriba, se inicia en los siglos VI-VII, en su interior contiene las tumbas de los Siete Infantes de Lara y de las Reinas de Navarra, Doña Toda, Doña Elvira y Doña Jimena.

El Camino de Santiago abandona Nájera por la calle Costanilla que arranca del monasterio de Santa María la Real, y siguiendo por caminos entre viñedos, constante de esta zona riojana, teniendo en todo nuestro camino a la  derecha las estribaciones de la Sierra de la Demanda, con el San Lorenzo en lo más alto y a la izquierda la Sierra Cantabria, llegaremos a Azofra.

Al llegar al pueblo de Azofra nos encontramos con que las dos calles principales, Mayor o Real y calle del Sol, son una parte más del Camino de Santiago.  Presidiendo el retablo mayor de la iglesia encontramos una imagen de Santiago con los atributos de peregrino.  Abandonamos Azofra tomando agua en la fuente de Los Romeros.

Y  muy cerca de aquí se encuentra el monasterio de Cañas, verdadera joya de arte riojano, gótico con un retablo renacentista con una imagen gótica de la virgen. Destacan los ventanales de alabastro y la tumba de la primera Abadesa Doña Urraca López de Haro

Un kilómetro después aparecerá imponente, el rollo de Azofra.  Estos monumentos están relacionados con la época en la que se estructuran jurídicamente los grupos de pobladores que iban conformándose en núcleos urbanos. A Medida que conseguían cotas de administración autónoma era preciso dotarse de instrumentos jurídicos propios.  Este rollo recuerda a la espada de la justicia hincada en la tierra y tiene como misión disuadir al malhechor antes de que cometa el delito.

Siguiendo nuestro Camino, y después de una prolongada subida llegaremos a las primeras casas de una nueva urbanización, que ha dado al traste con una de las dehesas más valoradas que había en Círueña. Hasta no hace mucho en unos magníficos robles rebollo  los peregrinos recuperaban sus fuerzas y su ánimo para continuar. Pasado por un pequeño pueblo Ciriñuela, donde nos puede sorprender el trato y amabilidad de sus gentes, iniciaremos el descenso que nos llevará hasta la localidad donde descansan los restos de uno de los santos más emblemáticos del Camino de Santiago.

El peregrino difícilmente encontrará en todo el camino una población con mayor contenido jacobeo.  Este lugar era un impenetrable bosque de encinas a orillas de un río, el Oja.   En lo más sombrío del bosque se instaló un ermitaño de nombre  Domingo que decidió dedicar su vida  a facilitar el camino  de los que peregrinaban a Compostela.  Primero construyó un puente sobre el río Oja.  Después desmontó parte del bosque para abrir una calzada segura.  Por fin levantó un hospital y un templo para el socorro material y espiritual de los peregrinos.  El trabajo de Santo Domingo no se interrumpió con su muerte ya que todavía sigue vigente la Cofradía de Santo Domingo de la Calzada. Los archivos conservan documentos fechados en el siglo XII que ya demuestran su existencia con unos fines claros de ayuda al peregrino.  La Casa del Santo, albergue gestionado  por la cofradía es uno de los más valorados en todo el trayecto de la Ruta Jacobea.

En el casco antiguo encontraremos la estructura viaria medieval, con la calle Mayor, auténtica calzada de peregrinos, convertida en eje principal.  La plaza del Santo es el corazón de la ciudad antigua y delimitan su perímetro una ermita, la catedral, su esbelta torre barroca y el antiguo hospital de peregrinos, reconvertido hoy en lujoso parador nacional.

La catedral organizada como una típica iglesia de peregrinación, tiene tres naves, la central de doble anchura y superior altura, cortada por un crucero y con una girola que primitivamente tendría tres capillas absidiales.  A comienzos del siglo XII se amplió el recinto convirtiendo el tempo en una iglesia-fortaleza, único ejemplo de este tipo que podemos contemplar en La Rioja.  El retablo mayor es una joya de la escultura renacentista española y obra de Damián Forment.  La Catedral tiene una cabecera románica con relieves y capiteles del siglo XII.

Lo que más llama la atención es el gallinero donde viven permanentemente un gallo y una gallina blancos que recuerdan el milagro del peregrino ahorcado, el milagro más conocido y antiguo  en el Camino de Santiago.

Las fiestas de la localidad están declaradas de interés turístico y en la actualidad mantiene su estilo  y  celebración como de las más antiguas del Camino y son una sucesión de rituales que comienzan el 25 de abril y acaban el 13 de mayo, conformando una vistosa escenificación de la vida del Santo.

Salimos de la ciudad por el puente sobre el río Oja.  Pasaremos cerca de una sencilla cruz de madera conocida con el nombre de “Cruz de los Valientes” que recuerda el escenario de una leyenda en la que otra vez más encontraremos resonancias de luchas entre caballeros.

El camino continúa teniendo siempre al frente el cerro cónico de Grañón, denominado “Mirabel”, que vigila toda la comarca.  Se sabe que, al menos en el siglo X, estaba presidido por un castillo.  Grañón es un ejemplo paradigmático de urbanismo jacobeo.  El plano de su recinto urbano es muy semejante al de Santo Domingo de la  Calzada.  Una calle principal de este a oeste y el resto de calles  a su entorno. En la iglesia parroquial de San Juan Bautista el viajero encontrará un retablo mayor que es una joya y un manual para disfrutar del mejor arte del Renacimiento.  Justo al lado de los Santos Juanes que presiden el retablo, encontrará la imagen de Santiago peregrino.

Para salir de Grañón buscaremos un ancho camino de tierra que nos llevará, entre campos de cereal, hasta tierras castellanas.  Es el momento de volver la vista atrás para decir adiós a La Rioja, a sus gentes, a sus monumentos, a sus caldos, y sus paisajes y a la tranquilidad y sosiego de una región que hace del Camino de Santiago, santo y seña de su identidad.


CAMINO JACOBEO DEL EBRO

En los últimos tiempos las Asociaciones del Camino de Santiago de Cataluña, Aragón, Navarra y La  Rioja están impulsando la ruta jacobea que utilizaron los peregrinos que pretendían llegar a Compostela desde el Mediterráneo.  De esta forma se va consolidado una nueva vía de peregrinación que naciendo en San Carlos de la Rápita empalma con el Camino Francés en  Logroño.  En realidad estamos hablando de la calzada romana que desde hace más de dos mil años ha unido Tarraco con Astorga, pasando por Calagurris y Vareia.

Este camino Jacobeo entra en tierras riojanas por Alfaro.  En el convento de San Francisco de esta localidad existe un gran lienzo barroco que representa la aparición de Santiago en la batalla de Clavijo y en la colegiata de San Miguel, famosa por albergar sobre sus tejados a la mayor colonia urbana de cigüeñas del mundo, podremos encontrar una imagen de una Virgen Peregrina del S. XVII.

La siguiente población por la que discurre el camino es Rincón de Soto.  En su iglesia parroquial existe un sepulcro con una inscripción informando de que en él está enterrado Juan Jiménez, fallecido en 1516 y fundador de una capilla en honor del Señor Santiago.

Calahorra es la ciudad donde más referencias jacobeas encontraremos.  En los archivos se conservan bastantes documentos que nos hablan de peregrinos y de hospederías.  El crucifijo o Humilladero del siglo XVI, levantado a la entrada del pueblo, ha sido un lugar obligado de oración para los peregrinos.  En él podremos contemplar esculpidas varias conchas.  Se podrá disfrutar también visitando la iglesia colocada bajo la advocación del Apóstol Santiago y, sobre todo, en la Catedral que conserva una espectacular pila bautismal decorada con los más repetidos símbolos jacobeos: veneras y calabazas.

Más adelante, en la iglesia parroquial de Alcanadre se guarda una joya románica del S.XII: la Virgen sedente de Aradón que nos trae evocaciones de un enclave templario ya desaparecido.

Siguiendo el camino llegaremos a Agoncillo para sorprendernos con su impresionante Castillo de Aguas Mansas, con escudo de la Cruz de Calatrava en su portada, y con el Retablo Mayor de la iglesia de Nuestra Señora de la Blanca, uno de los mejores retablos riojanos.  Saliendo de Agoncillo deberemos cruzar el río Leza, caminaremos sobre calzadas y entre los restos arqueológicos de la vieja Vareia romana.

Ya sólo nos resta cruzar el río Iregua y entrar en la ciudad de Logroño por la Puerta del Fuero.  El camino Jacobeo del Ebro se encuentra aquí con el Camino Francés.