domingo, 05 de septiembre de 2010


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¿Cual es la mejor época para hacer el camino?

Se puede caminar durante todo el año, depende de la ruta que has elegido.  Abril/mayo y  septiembre/octubre son las mejores épocas del año para el Camino francés. Junio también es un mes posible, solamente ya puede tener temperaturas elevadas. Trata de evitar los meses de vacaciones julio y agosto, cuando todo el mundo invade el Camino y hay ciertas dificultades de encontrar lugar en los albergues.

 

¿Cómo hago el Camino?

Primero busca información sobre tu viaje a pie, hay infinitas páginas web donde puedes obtener lo que necesites saber(x ejemplo www.jacobeos.net). Plantearte jornadas entre 20 y 25 km, evitando las urbes y lugares que figuran como fin de etapa en las guías. Ahí van todos y hay poco descanso y paz para reflexionar el día. Hay que cumplir con los horarios y las normas del albergue, la convivencia de muchas personas requiere cierta organización. Respeto al descanso del prójimo es fundamental para un clima amistoso entre los peregrinos. Importante: no corras, tomate tiempo para disfrutar cada día.


La mochila

Tenemos la tendencia de cargarla con los ”por si acaso...”. Bueno, todas esas eventualidades tienen su lugar en tu casa y no en tu mochila. Elige ya desde un principio la mochila más pequeña. No vas a una expedición al Amazonas sino al Camino, que te ofrece una excelente infraestructura y en el peor de los casos te compras lo que te falta. En cada guía encuentras listas para hacer la mochila; de medicamentos los que tienes que tomar, para el aseo lo mínimo (pedí muestras pequeñas en tu perfumería), no cargues con secadores de pelo, maquillaje etc. Una botella de medio litro para el agua que rellenas en cada fuente. No traigas libros, pesan mucho y si tienes todos los sentidos abiertos, no te va a faltar entretenimiento. Si sales temprano por la mañana, haz tu mochila antes de acostarte, de este modo no despiertas a tus compañeros.

 

El calzado

Elige el calzado en lo cual TU te sientes cómodo, que protege tus pies y tobillos. Tienes que usarlo durante por lo menos un mes antes de emprender tu camino. Unas sandalias para descansar los pies y para estar en el albergue.

 

La ropa

Primero fíjate de las prendas que tienes en casa, Dos camisetas, una de mangas largas, un polar, dos pantalones, uno corto y el otro desmontable, tres pares de calcetines, tres mudas, un cortaviento. Sombrero y pañuelo, un poncho de lluvia. En caso que camines en la época fría del año, unos guantes y un gorro de lana.                                                  

 

¿Algo más?

Un saco de dormir, toalla pequeña, esterilla (opcional), papel higiénico, crema protectora de sol, ½ jabón lagarto para lavar la ropa, linterna, un cuaderno pequeño de notas y bolígrafo, cargador del teléfono móvil. Un paraguas (pequeño) te sirve también para darte sombra

 

No te separes nunca de las siguientes cosas:

Documento personal (pasaporte o D.N.I.), Tarjeta de crédito, tarjeta de teléfono, tarjeta de la seguridad social o semejantes, credencial de peregrino, algo de dinero en efectivo.

La concha, el bordón y la calabaza para el agua, son los símbolos clásicos del peregrino. La concha te la puedes fijar en tu mochila, el bordón te ayuda en las cuestas subiendo y bajando. Los palos del “nordic walking” te obligan a marchar, lo que es contradictorio a la idea de peregrinar y causan a veces obstáculos en las caídas. La calabaza encuentras de diferentes tamaños en todo el camino.


Si vas en bicicleta

El Camino francés está pensado para caminantes, entonces algunos tramos serían más complicados para ir en bici. No cargues demasiado tus alforjas, también para ti vale lo dicho anteriormente. Infórmate sobre rutas alternativas, que en general te ahorran fuerza y pasan por los lugares importantes. Calcula bien tus etapas, los ciclistas son los últimos que entren en los albergues,  y hay que tener fuerza suficiente de hacer unos km más, si el albergue no tiene sitio.

Y no te olvides nunca: el hábito no hace al monje y tampoco al peregrino. Son su actitud, su respeto por lo demás y su entorno, la tolerancia y la paciencia las virtudes del caminante.
 


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