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San Saturnino, obispo y mártir, es uno de los santos más populares en Francia y en España. La lengua popular ha cambiado su nombre a Serenin, Sadurni en catalán, Sadurniño en gallego, y lo mismo sucede en francés, Sernin, Sornin , Sarnin, Sorlin, Cernin, e incluso Savournin. La primera referencia escrita es la Passio Saturnini (430-450 d. C.), documento fundamental para el conocimiento de la Iglesia en la Antigua Galia. Según su autor, Saturnino fijó su residencia en Toulouse en el 250 d. C., bajo el consulado de Decio. Había llegado allí desde el Aegyptum romano como se lee en el Missale Gothicum. Ya en Egipto había reunido los primeros frutos de su predicación, atrayendo a la fe en Cristo a un buen número de ciudadanos. Y después de un largo viaje que le llevó hasta Roma, atravesó el valle del Ródano hasta la Galia. En Arles hizo innumerables conversiones; tambien en Nimes, donde convirtio al cristianismo al futuro San Honesto al que ordenó sacerdote. Invitado a España, Saturnino cruzó los Pirineos con el futuro San Honesto, habiendo dejado al cuidado de las comunidades convertidas a Saint Papoul. En Navarra, Saturnino bautizó a San Fermín, futuro obispo de Amiens, y se cree que llegó hasta Toledo y Galicia. Más tarde, habiendo tenido noticias del martirio de Saint Papoul, regreso a Toulouse, después de consagrar a San Honesto como obispo de Pamplona. Cuenta la leyenda que en el Capitolio de Toulouse, el principal templo pagano, dedicado a Júpiter Capitolino, en donde los sacerdotes ofrecían el sacrificio al dios un toro para obtener las gracias que pedían los fieles, los sacerdotes observaron que sus divinidades ya no pronunciaban oráculos, mantuvieron un consejo y dijeron: "nuestros dioses están mudos porque están irritados ya que permitimos la presencia de su enemigo Saturnino entre nosotros". En ese momento exacto, el obispo pasaba por delante del Capitolio camino de un pequeño oratorio de su propiedad, los sacerdotes lo señalaron a la muchedumbre que rodeó amenazadora a Saturnino y le impuso que sacrificara un toro sobre el altar de Júpiter, ante el rechazo del obispo de sacrificar al animal, que poco después se convertiría en el instrumento inconsciente de su martirio, y sobre todo por lo que consideraban los paganos un ultraje a la divinidad, pues Saturnino dijo que no les tenia miedo a los rayos de Júpiter, ya que era impotente porque no existía, lo agarraron enfurecidos y lo ataron al cuello del toro, al que picaron para que corriera escaleras abajo del Capitolio arrastrando al obispo. El toro se paró en la calle del "Taur" o del toro y el santo murió con la cabeza destrozada. Su cuerpo despedazado fue abandonado en la calle, de donde lo recogieron dos piadosas mujeres que le dieron sepultura "en una fosa muy profunda". Sobre esa tumba, un siglo después, San Hilario construyó una capilla de madera que pronto fue destruida y se perdió por algún tiempo su recuerdo. Hasta que a finales del siglo IV el duque Leunebaldo, volviendo a encontrar las reliquias del mártir, hizo edificar en ese lugar una iglesia dedicada a San Saturnino, en Francés Saint-Sernin-du-Taur. En los primeros años del siglo V los restos de San Saturnino fueron rescatados por el obispo Exuperio, y enterrados en la iglesia especialmente construida para albergar sus restos por el Obispo Silvio. Esta iglesia tomó definitivamente el actual nombre de Notre-Dame du Taur. Fue en el siglo VI cuando San Saturnino fue objeto de mayor culto y a su vez protagonista de numerosas leyendas. Césaire d'Arles, en un tratado, le presenta como discípulo de los apóstoles enviado desde Roma por el Papa para evangelizar la Aquitania. Otros le convierten en hijo del rey de Acaya en Grecia. En cualquier caso fortalecido por las leyendas, el culto de San Saturnino se extendió por Francia, especialmente la zona suroeste, y el norte de España. En 1251, Alfonso de Poitiers, hermano de San Luis, ofreció la Santa Espina a los canónigos de San Saturnino y bajo el mandato del abad Arnaud de Villemur (1262-1289), el cuerpo de San Saturnino fue trasladado a una magnifica urna sobre la plataforma de un baldaquino gótico.
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